Los secretos del Pacífico Vallecaucano

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Miedo, incertidumbre y curiosidad, era lo que sentía la primera vez que viajé en octubre del 2015, a Juanchaco, Ladrilleros y La Barra; solo sabía que estas playas quedan a una hora de Buenaventura y que era el lugar perfecto para disfrutar de la temporada de avistamiento de ballenas que en ese entonces ya estaba por finalizar.

En Bogotá solo se escuchaba sobre la inseguridad de Buenaventura, pero jamás escuché nada acerca de sus playas y el turismo en esta región. Al buscar en internet solo encontraba información desactualizada de hospedaje y actividades a realizar, me aventuré a irme con dos amigos sin saber que esperar allí.

Lo primero que vi al llegar al muelle de Juanchaco, después de 3 horas en bus desde Cali y una en lancha, fueron las casas en su mayoría construidas en madera con pisos elevados para prever inundaciones cuando sube la marea. Aquí no hay indicaciones al llegar, entonces decidimos seguir a la gente, que nos llevó al lugar donde parte el tractor y las motos, los transportes principales entre Juanchaco y Ladrilleros, pero nosotros decidimos ir caminando para apreciar el paisaje y ver el estilo de vida del la región.

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Llegamos al hotel a eso de las 6:00 pm, justo para apreciar el primer atardecer de nuestro viaje de 3 días, es increíble como el sol se oculta en la inmensidad del Pacífico y tú simplemente te sientas a contemplarlo, olvidándote del hambre, la sed y el cansancio del viaje que en nuestro caso comenzó a las 11:00 am.

Luego nos fuimos a la playa donde disfrutamos de un sancocho de pescado con una cerveza bien fría. Allí conocimos a Pepe, un local que vende ‘cocolocos’ y ‘cocofresa’ en la playa y en su negocio llamado ‘Pepeson donde Osama’, conocido en la región porque vive en una cueva y siempre usa gafas oscuras sin importar la hora. Compartimos un momento con ellos, vimos el cielo despejado, sus estrellas y nos fuimos a descansar porque al siguiente día nos íbamos a ver ballenas.

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Tomamos la primera lancha y tuvimos la suerte de encontrar una ballena que le daba clases de coleo a su ballenato, pero luego se sintió cohibida por la imprudencia de un lanchero. Al regresar a Juanchaco decidimos irnos a La Barra, una playa que se escucha mucho en la región pero no sabíamos qué había allá, solo que era hermosa.

Era medio día, así que la marea ya estaba alta y no se podía caminar por la playa, nos fuimos por la trocha, un camino destapado que solo se puede recorrer a pie pues algunas motos quedan enterradas en el lodo. En ambos lados del camino se ve la riqueza de flora con la que cuenta la región y existe un camino que te lleva al asentamiento indígena de los Wounaan, con presencia en el Pacífico vallecaucano y chocoano.

Al llegar a La Barra, muertos de sed por el fuerte sol de medio día, nos sentamos a tomarnos una cerveza fría, con un pargo, acompañado de ensalada, patacones y arroz. El pueblo es pequeño, el medio de transporte son sus piernas y en épocas de puja, el mar puede entrar en sus casas. Al terminar de comer nos fuimos caminando por la pequeña playa que aun queda y al final de ésta se encuentra el Estero de La Barra, donde decidimos dar un paseo en canoa.

Recorrimos el canal a través de los bosques de manglares, apreciando la fauna de Bahía Málaga, lo único que escuchábamos era el agua, las aves y el sonido de las hojas, un recorrido relajante para cualquiera. Al finalizar, llegamos a una sardinera o piscina natural donde nos lanzamos desde aproximadamente 5 metros de alto.

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Regresamos a nuestro hotel donde nos recibieron con un ‘shot’ de Viche, una bebida alcohólica artesanal típica del Pacífico que huele a tequila, sabe parecido al principio pero al final cambia totalmente, hay que probarlo. Luego, nos comimos las famosas empanadas de camarón, fuimos un rato a ‘Pepeson’ y después llegamos al Templo del Ritmo, una discoteca que abre solo en temporada alta, ponen todos los géneros pero la salsa y salsa choque son los favoritos por la gente de la región, tuvimos la suerte de ver una muestra de currulao por parte de bailarines profesionales de la región, que se sienten orgullosos por su cultura y costumbres, después de eso nos fuimos a dormir agotados por el recorrido de todo el día.

Llego nuestra ultima mañana, desayunamos huevos revueltos con patacones y agua de panela y nos fuimos a la playa para jugar con las fuertes olas del Pacífico que botan a cualquiera saliendo de la playa. Luego tomamos la lancha de la 1 pm para no llegar muy tarde a Cali, sin embargo me prometí regresar.

No pasaron más de 3 meses para volver aquí, ya no había temporada de ballenas ni tampoco turistas, era muy raro ver a viajeros caminando por la playa, los pocos que habían eran de España, Chile, Alemania y Francia y yo la única de Bogotá. Los locales me contaban que trabajan duro en ballenas para recoger lo del año, eso me llamó la atención porque es una comunidad que depende en gran parte del turismo, pero parece que casi nadie en Colombia sabe de estas playas.

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En mi estadía practiqué kayak por el Pacífico, donde fui hasta Isla Palma justo al frente de Juanchaco y se pueden ver osos perezosos, pase por cuevas en la mitad del mar donde se encontraban las olas e intentaban voltear el kayak, los delfines también acompañaron en nuestro recorrido devuelta a Juanchaco. Luego conocí Chucheros una playa que no tenía arena sino rocas porosas y se podía nadar sin peligro por sus tranquilas corrientes, justo al lado queda Juan de Dios, una playa única por su arena amarilla ya que en Bahía Málaga por la sedimentación del San Juan las playas son negras. Finalmente fui a ‘La Sierpe’, una caída de agua dulce de 60 metros de alto en la mitad del Pacífico, un lugar para escuchar y apreciar la naturaleza, sin lugar a dudas te encuentras contigo mismo.

Así que ahora tengo una imagen definida de este lugar, sé que es una región invisible para muchos con una comunidad que quiere salir adelante, que tiene un paraíso natural y una cultura invaluable que muy pocos colombianos conocen pero que a muchos extranjeros les interesa. Es una región donde a pesar de todo la alegría de su gente jamás falta, donde te enseñan a apreciar lo que la naturaleza te provee, a ser prudente con ella y a respetarla, simplemente es un lugar que te permite apreciar las pequeñas cosas de la vida, a hacer una pausa, reflexionar y seguir adelante sirviéndole a los demás.

No siendo más, te invito a visitar en Instagram www.instagram.com/TripTrip.co ahí podrás encontrar más información si decides visitar este hermoso paraje lleno de vida y tranquilidad.

Por: @damohe92 descubriendo el mundo.

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