Volcán Puracé: Más allá de los límites


Por: @damh92

¡Al fin llegó el día! Iba a visitar el cráter del volcán Puracé en un viaje de 3 días recorriendo Popayán y sus alrededores. Llegue allá sin tener mucha información del lugar, pero sí con muchas imágenes en la cabeza y con muchas ganas de ver el cráter de un volcán.

Nos levantamos a las 4 de la mañana para poder tomar el primer bus a “Cruce de la Mina”, una vez ahí después de casi 2 horas de recorrido, empezamos nuestro recorrido con Milton, un guía local de los indígenas Coconuco.

El punto de partida estaba a unos 3,326 msnm donde se podía contemplar algunos pastizales y ganado hasta llegar a Pilimbalá, donde una de nuestras acompañantes decidió abandonar el recorrido. Desde allí caminamos hasta la base del volcán, la cual está a 4,200 msnm y se puede apreciar la flora característica del páramo, único en Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador, la vía construida para la extracción de azufre, las lagunas que lo rodean, a Popayán en miniatura y a nuestras espaldas con el cielo despejado nos acompañó el Nevado del Huila.

 

Al empezar el ascenso desde la base del volcán los tramos planos eran cada vez más escasos y la naturaleza cambiaba de forma. La niebla empezó a nublar la cumbre y cada vez sentíamos más la altura al respirar. El viento en contra congelaba nuestras manos y mejillas, pero cuando empezó a escarchar, sacar las manos de los bolsillos no era una opción.

Si parábamos nos congelábamos, pero sino la altura nos ahogaba. Las condiciones climáticas eran extremas, pensé que el frío no me iba a dejar continuar el recorrido. Con una visibilidad de menos de 10 metros y sin saber cuánto faltaba, un grupo que bajaba nos dio ánimo ya que no estábamos muy lejos de la cumbre.

Empezamos a cruzar tramos entre piedras gigantes cubiertas por musgo, plantas que parecían sacadas de corales marinos y frailejones. Después el paisaje se tornó gris, con un suelo rocoso y algunos musgos entre amarillo y verde que acompañan a las piedras. El camino era estrecho y te podías resbalar con facilidad. Hasta que llegamos a una pequeña planicie donde decidí no perder el ritmo y seguir caminando para poder recuperarme del frío, subí una pequeña colina y le pregunté a Milton “¿Falta mucho?” Y me respondió “Estás en el cráter”, me sentí totalmente confundida.

Estaba feliz porque había logrado subir a 4,650 msnm, algo que en un momento pensé no lograría, pero decepcionada porque la niebla no nos permitía ver más allá de 3 metros. Decidimos sentarnos un rato para comer algo cubiertos de niebla, de brisa y de frío en cráter del volcán, cuando pasados no más de 7 minutos la montaña decidió darnos el mejor regalo. En cuestión de segundos todo el cráter estaba despejado, aquí todo ha valido la pena.

Aquí ya no había cansancio y tan solo un poco de frío, nos fuimos a recorrer el cráter del volcán durante 40 minutos para contemplarlo y también descubrir lo que se esconde en la otra parte de la montaña.

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Una foto publicada por Dami Molina H (@damh92) el


De vuelta a Pilimbalá, ya podía sacar mis manos para tomar fotos y llevarme un poco del increíble paisaje que se ve durante todo el recorrido. Cuando vas bajando sientes como la energía vuelve a tu cuerpo, como las pausas cada vez son más escasas, como te liberas de la altura y puedes respirar de nuevo con tranquilidad.

Pero nunca tuvimos en cuenta la hora a la que pasaba el último bus, pensamos que nos iba a tocar pasar la noche allí sin muda de cambio y sin presupuesto. Cuando nos faltaban 3 kilómetros Milton nos tranquilizó con un jeep que había conseguido con su walkie talkie e iba para Popayán.

Nos devolvimos al mejor estilo colombiano, en un jeep entre curvas, carreteras destapadas, y con 4 pasajeros a cada lado, donde el cansancio pudo más que la incomodidad y nos fuimos durmiendo todo el recorrido hasta Popayán.

Este sin duda ha sido de los mejores recorridos que he hecho, donde la fuerza de tu mente es la que te permite conquistar esa montaña, sin olvidar una buena condición física. Es totalmente imperdible si visitan Popayán, si vuelvo me quedaría una noche en Pilimbalá para conocer mejor la zona, su naturaleza y su cultura. Siempre estén equipados para soportar condiciones climáticas extremas.

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